Nunca nos cansaremos de poner en evidencia la maestría de los socialistas para instalar en la sociedad en general su propia hegemonía cultural. Miguel Ángel Quintana Paz ha denominado este fenómeno como el “PSOE State of Mind”, que en resumidas cuentas viene a significar que todo lo que le viene bien al PSOE lo tienen que aceptar los ciudadanos sin atisbos de crítica, llegando a conseguir meterse en los esquemas mentales de la sociedad en general. Hasta el punto de que incluso la oposición utiliza las terminologías y mimbres intelectuales que se dictan desde Ferraz. Por eso son tan débiles los partidos de la derecha porque aceptan sin discusión el marco mental que imponen los socialistas. Uno de los primeros fenómenos de este tipo fue el tránsito incoherente de la oposición socialista a la OTAN a ocupar uno de sus dirigentes la Secretaría General de tal organización militar. Si le viene bien al PSOE estar en contra de la OTAN, consiguen ganarse a la opinión pública y cuando mudan de opinión consiguen el consenso de un pueblo con poco criterio, sea mediante un referéndum de por medio o sea mediante una campaña atroz de comunicación y propaganda.
De hecho, el PSOE es el encargado de repartir entre el resto de partidos las etiquetas ideológicas, de tal manera que en algún momento llegaron a tildar de fascistas a los pobres de UPyD, ahora de manera incoherente llaman extrema derecha y fascistas, a la vez, a los dirigentes y simpatizantes de VOX, sin percatarse de que en los barrios más pobres de España, otrora feudos socialistas, ahora se prodigan incrementos desmedidos de apoyo electoral a favor de Santiago Abascal. Algún día se darán cuenta en el Partido Socialista que las clases más populares los han dejado de apoyar porque son los que más sufren unas políticas que solo miran el bien de las élites mundiales y los engranajes de la corrupción, no el interés general de la gente corriente. Los socialistas se puede decir que llevan década abandonando a su suerte a sus propios votantes.

Volviendo a lo dicho, uno de los últimos logros del “PSOE State of MInd” ocurrió hace menos de tres años, cuando el inefable Pedro Sánchez consiguió transmitir la “fake new” de que había ganado las elecciones del 23 de julio de 2023, algo totalmente alejado de la realidad. España votó y lo hizo de manera mayoritaria por partidos de corte conservador y de derechas, de VOX al Partido Popular, pasando por Junts y el propio PNV. No obstante, una notable labor de zapa consiguió hacer que Pedro Sánchez se sacara el conejo de la chistera de una mayoría progresista y de izquierdas. Esta idea finalmente ha calado entre los cincuenta millones de españoles que han tenido durante casi tres años el espejismo de un Gobierno que apenas ha tenido mayoría parlamentaria para sacar un puñado de leyes, sin haber conseguido aprobar en este período ningún proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado. Algo inaudito, pero que también han conseguido colar de rondón como lo más normal del mundo. algo inconcebible hace apenas unos lustros.
De hecho, ya llevamos muchos años normalizando que el PSOE pueda pactar impunemente con los convergentes o los nacionalistas vascos de derechas, sin perder por ello un ápice de su pátina progresista. Algo totalmente descabellado, pero que a ellos les funciona a la perfección. Ya lo hizo Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y para Pedro Sánchez por todo ello debe estar en su ADN de psicópata confeso. Sin embargo, el engaño es manifiesto porque los socialistas a duras penas pueden llevar a cabo un proyecto político de corte izquierdista porque enseguida se ven frenados por los partidos separatistas de la derecha catalana y vasca. Están atados de pies y manos e impedidos de poder aplicar su propio programa electoral, algo que le da igual a un Pedro Sánchez al que solo le preocupa permanecer un día más en el poder. Y es que en sus respectivos territorios, Junts y el PNV representan las antípodas de lo que es el PSOE (en sus vertientes PSC o PSE-EE), pero parece que en el ámbito nacional los separatistas ya no son tan conservadores ni defienden la posición de los más acomodados. Son como dos formaciones diferentes progresistas en España y conservadores en sus terruños. Caso curioso de camaleonismo político.
Todo esto se ve meridianamente claro cuando las iniciativas más radicales en materia medio ambiental se ven frenadas por los intereses de muchos históricos dirigentes del PNV representantes ahora de alguna energética multinacional de primer orden. De igual manera lo podemos observar cuando las medidas más bolivarianas del Consejo de Ministros son cercenadas de raíz por Junts, partido tradicionalmente encargado de la defensa los pequeños propietarios catalanes, tenderos y rentistas. De igual manera, podemos observar sin mucho esfuerzo como las iniciativas más radicales de los de SUMAR acaban claudicando porque no suman suficientes votos para su toma en consideración. Cuando al PSOE no le interesa, las propuestas más radicales de sus socios duermen el sueño de los justos. Es una manipulación más de un Presidente acostumbrado a utilizar de manera torticera a su favor todos los resortes del poder del desprestigiado Régimen del 78. Y ha demostrado ser un auténtico maestro en ir dejando avanzar una legislatura que nos podríamos haber ahorrado todos los españoles.
En el fondo, un nuevo modelo de gobernar se está abriendo paso: la geometría variable de los vetos cruzados. Ante unas mayorías tan precarias, como son las que ha tenido Sánchez siempre y las que presumiblemente tendrá el Partido Popular si llega a La Moncloa, existe la posibilidad de que solo en aquellos asuntos que realmente te interesen como opción política, pongas toda la carne en el asador a la hora de llegar a acuerdos. En las cosas en las que el gobernante de turno no esté tan interesado, les bastará con mostrarse tibio en una eventual negociación con las fuerzas minoritarias. La culpa de que no fructifiquen determinadas políticas públicas no será nunca tuya. No tendrás que rendir cuentas ante tu electorado de tus propias derrotas parlamentarias. Algo insólito, pero que ha sido la tónica adoptada por el sanchismo durante toda esta etapa.
En resumidas cuentas, en el juego de fuerzas políticas en el actual sistema de inestabilidad de las mayorías el esfuerzo que se ponga en negociar, mediante las contrapartidas que se pongan sobre la mesa para llegar a los acuerdos, será la clave a la hora de conseguir que se abran paso determinadas políticas públicas. Bastará con que el Gobierno, que es quien está mejor situado para pactar, module estas contrapartidas para que los acuerdos se alcancen o no con mayor facilidad. Lo hemos visto cuando Sánchez puso toda la carne en el asador para conseguir el apoyo de Junts a su investidura, amnistía mediante. Mas no ha mostrado tanta diligencia en conseguir sacar adelante otras iniciativas políticas que no estaban directamente relacionadas con su supervivencia política, como han podido ser la anual Ley de Presupuestos.
Además, el propio instrumento jurídico empleado será clave a la hora de que alguna iniciativa política tenga éxito o no. Un ejemplo mítico, el de los reales decretos-leyes, que no requieren del procedimiento gravoso de los proyectos y proposiciones de ley. El Gobierno no ha dudado en mezclar medidas, utilizando como rehén las revalorizaciones de las pensiones, para conseguir que se aprobasen propuestas que no contaban con los apoyos suficientes. La oposición en esta ocasión no se ha doblegado a este chantaje, pero la coacción ha existido. Quieren colar como leyes en el BOE lo que son unas opciones que permite la Constitución únicamente bajo condición de extraordinaria y urgente necesidad. En la España de Sánchez, todo era urgente y extraordinario. Algo que sí se podía entender en momentos de pandemia y confinamiento, pero que para nuestra desgracia, se acabó consolidando como la “nueva normalidad sanchista”, justificar en circunstancias extraordinarias toda su acción de Gobierno. Han tenido la enorme “suerte” de tener como escusa una pandemia, dos guerras de repercusiones internacionales e incluso un apagón, no sabemos si agravados todos por el Gobierno para su propio beneficio o utilizados como paraguas para adoptar un modo autoritario de gobernar España.
Pero el fenómeno se ha degradado lo suficiente como para que el proceso de regularización masiva que ha emprendido el sanchismo, para colmar alguna de las negociaciones con sus socios, se le ha dado la forma reglamentaria, evitando con ello el control parlamentario de la oposición. El “no-va-más” del modo autoritario de dirigir la política que tiene Pedro Sánchez, esta vez abusando del poder reglamentario en manos del Gobierno. En el fondo, el Gobierno recobraría en este sistema el control de la modulación de las posibilidades reales de alcanzar mayorías y lo utilizaría a propia conveniencia. Cuando interese la medida al PSOE, por la razón que sea, ya se preocupará de conseguir los apoyos suficientes y en caso contrario, ya se redactará el oportuno Real Decreto.
Cuando no estén tan interesados, dejarán caer los proyectos por falta de mayorías. La excusa perfecta. Lo que interese que salga pronto, por Real Decreto. Lo que se quiera intentar que salga, por Real Decreto-ley. Y lo que les de igual, por Proyecto de Ley o Proposición de Ley, que ya se quedarán aparcados en una comisión del Congreso. Porque para eso el Sanchismo se aseguró el control de la Mesa del Congreso, lo que posibilita que decenas de iniciativas legislativas se eternicen en plazo de enmiendas, hasta que acaben caducando con el cambio de la legislatura. Una técnica de filibusterismo parlamentario que no han inventado los socialistas, pero de la que se han aprovechado sobremanera en estos últimos tres años.
De otro lado, también el Gobierno tendrá en su mano jugar con los vetos cruzados de los grupos minoritarios que unas veces apoyan al Gobierno y otras no. Cuando el PSOE no quiera sacar adelante alguna propuesta, siempre podrán decir que los de Junts o el PNV no apoyan al ejecutivo en esta ocasión. Cuando les interese, ya sabrán poner el talonario de los fondos públicos a funcionar para sacar las iniciativas que interesen al Gobierno de Sánchez. Pero mientras tanto pueden salvar el desgaste alegando que sus socios minoritarios no les apoyan. La cuestión para Sánchez ha sido ir dejando pasar los días al precio que fuese, incluso el de la inanidad de su iniciativa política porque la nómina caía para miles de paniaguados con Presupuestos y sin ellos. Cada día que ha pasado un día más que cobraban la nómina los socialistas y sus socios.
Con todo lo descrito, podemos dictaminar que Sánchez ha degradado los más elementales postulados de la teoría democrática. Postulados democráticos que dictan el necesario imperio de la mayoría, pero que en su versión sanchista se convierte en seguir en poltrona al precio que sea aun a costa de agachar la cerviz ante las extorsiones de las minorías separatistas. El imperio del veto de la minoría de ninguna de las maneras puede ser el terreno propicio para un sistema democrático sano y constructivo, solo la palanca que permite permanecer en el poder a un individuo torno y malintencionado como el actual inquilino de La Moncloa.
Todo lo descrito no es más que un autoritarismo disimulado con el que Pedro Sánchez ha gobernado este país desde el año 2018. A nosotros, no nos engaña porque tenemos la conciencia de que tanto él como su organización política sólo sirven a sus propios intereses y desde hace muchos años han dejado de defender el interés general de todos los españoles. Se envuelven en la palabra democracia quienes menos creen en ella. Con el juego del parlamentarismo que hemos descrito, a la vista de todos nosotros, no hacen sino continuar con su imparable proceso de degradación de la política española contra el que seguimos empeñados en luchar.






